Eran las 19.40 y el público comenzaba a impacientarse. Cada tanto arrancaban olas de aplausos y silbidos, pero nunca con éxito, por más desesperadas que fueran. Pero pronto la agitación fue reemplazada por una carcajada general, cuando una voz en off presentó, en un español muy malo, a los integrantes de The Copper Bottom Band de una manera algo inusual: "Durante el día combaten y durante la noche se convierten en vengadores". Era, por supuesto, el fantástico Hugh Laurie.
Cuando al fin salió al escenario, enfundado en un traje bordeaux y una camisa azul con volados, lo hizo bailando como un payaso y con copa en mano, al ritmo de los instrumentos del ensemble que sería más tarde mucho más que un grupo de acompañamiento, y que se convertiría en una estrella más del show.
Y así tocaron "Iko, Iko", el primer tema de la noche, que culminó con el aplauso expectante de un público inquieto. Después de un "¡Hola, Buenos Aires!" se disculpa, y dice que hasta ahí llegó su dominio del español. "Soy inglés, soy un idiota, y no puedo hablar otros idiomas", explica en inglés.
"Let the Good Times Roll", "Evening", "Buona sera" y "What kind of man are you" dieron comienzo a lo que sería un recital de más de dos horas. Sentado en un piano, en un escenario ambientado como si fuera un living o un bar, con un candelabro, lámparas y hasta un perchero con sombreros y retratos, Laurie se sintió como en casa.
Hugh Laurie es por sobre todo un rey de la comedia. No por algo el dúo "Fry and Laurie" –junto con su amigo Stephen Fry- se convirtió en un acto ícono del humor de la televisión británica de los '80. Y este tipo de comedia acompañó el espectáculo hasta el último acorde a las 12 de la noche. Shots de whisky, bailes espásticos, interacciones desopilantes con el público y contorsiones faciales hicieron del show de Laurie uno de los más dinámicos y refrescantes de los últimos tiempos en Buenos Aires.
Temas como "Day and night", "Kiss of fire", "So damn good", "Send me to the 'lectric chair", y la célebre Mystery train" de Elvis Presley fueron presentadas por Laurie como viejas, o como "muy, muy, muy viejas": "Casi todo lo que tocamos es de gente muerta", bromeó.
Laurie se ganó el respeto de la audiencia porteña en el 2012 cuando llegó al Luna Park para presentar su álbum debut "Let Them Talk", y derritió hasta los más escépticos, que dudaban de los talentos del hombre que sólo veían como House. Y este año vino a ostentar "Didn't It Rain", un disco de soul y blues, con el impecable acompañamiento de The Copper Bottom Band, integrada por Vince Henry, Mark Goldenberg, Elizabeth lea, Herman Matthews, Jean Mcclain, Gaby Moreno y David Piltch.
Se lucieron especialmente Gabby Moreno –con quien hasta bailó un tango- y Jean Mcclain, con unas voces alucinantes, añorantes y nostálgicas, teñidas del espíritu del blues de principio del siglo XX.
"You don't know my mind", "The Weed smoker's dream", "Lazy River", "Didn't it rain", "Careless love", "Get out my life woman", "Junco partner", "My Journey to the sky", "Wild Honey", "I hate a man like you", "I wish I knew how it would feel", "Green green rock road", terminaron de sacudir un show inolvidable. Pero el público quería más. Y Laurie lo sabía.
Luego del típico amague de "fin del recital", volvió corriendo al escenario, y, ante los interminables aplausos de la audiencia, tocó con su banda "Go to the Mardi Gras", "Changes", "You never can tell" y "King of the swingers", para finalizar brillantemente la primera fecha de su segunda visita al país, que se ganó más fanáticos de los que podría haber podido esperar.
A través de http://www.argnoticias.com/espectaculos/item/7445-hugh-laurie,-blues-y-comedia
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