martes, 27 de mayo de 2014

El sexto traidor de Cambridge

El sexto traidor de Cambridge


Charles Cumming es un niño bueno de Eton que dejó la carrera en el espionaje británico casi sin empezar y se puso a escribir, o eso asegura. Porque el conocimiento que tiene del MI5 y el MI6 y que tan bien prueba en El sexto hombre (RBA, traducción de Antonio Rivas) sólo se puede conseguir desde dentro. En la entrevista que mantenemos con él a distancia, eso no llega a quedar del todo claro, pero sí se ven meridianamente su postura ante el caso Snowden, sus acusaciones a China y su miedo, quién no, a Vladimir Putin.


Declaraciones del autor explicando la gran traición de los cinco de Cambridge.


El sexto hombre parte de una inquietante tesis: los cinco de Cambridge, ese ilustre grupo de estudiantes y luego grandes hombres de la sociedad británica que espiaron durante años para la URSS antes de desertar y escapar a Moscú, eran en realidad seis personas, seis traidores. Hay otro que nunca se ha llegado a conocer, un caso enterrado por el Gobierno para evitar la vergüenza. Sam Gaddis, historiador y respetado académico, divorciado y casi arruinado, topa con la historia de su vida gracias a una amiga periodista. Pero rápidamente todo a su alrededor empieza a cambiar y el protagonista se mete de lleno en una carrera contrarreloj por llegar a la verdad, salvar su vida y evitar su colapso. Con estas premisas, Cumming cierra un thriller de espionaje muy sólido que le muestra como un digno heredero de Eric Ambler, de quien reconoce influencias.


En un momento dado, un gran jefe de los servicios secretos suelta una gran frase que define a la perfección este oficio, tan viejo:


"Hace mucho tiempo aprendí que el espionaje no trata de los puntos fuertes de la naturaleza humana; cosas como la convicción, la ideología, el sentido del deber, la lealtad a la patria. El espionaje trata de las debilidades: la codicia, el estatus, el sexo. Es el vergonzoso secreto de nuestro oficio".


De ese secreto y de un Putin que aparece caracterizado como Platov y cuya sombra lo recorre todo hablamos en esta entrevista.


- ¿Cree que es posible ver hoy en día una operación de traición y engaño tan gigantesca como la orquestada por Philby, Blunt y compañía?


- Hoy en día el pasado comunista de Kim Philby habría sido claramente detectado por el MI6 (los servicios secretos exteriores de Reino Unido, para los que trabajaba) y nunca habría conseguido el puesto. No hay duda de que el gobierno chino, por ejemplo, anima a los estudiantes a ir a universidades occidentales a espiar. Abuso del copyright, robo de software y una política deliberada de búsqueda de puestos de trabajo en compañías occidentales para pasar a Pekín información de alto nivel son prácticas habituales. ¿Pero podría un gobierno extranjero reclutar a cinco o seis estudiantes británicos o españoles con el expreso deseo de convertirlos en espías durmientes? No creo. E incluso si lo consiguieran, aquellos estudiantes encontrarían muy difícil ser espías.


- En la novela el personaje de Platov, que recuerda claramente a Putin, es un elemento central de toda la trama. ¿Por qué no utilizó el nombre?


- Porque no quería ser demandado o asesinado. Platov era uno de los alias de Putin en su época de espía en la Alemania del Este, así que es una especie de broma. Pero nada más. No hay ninguna evidencia real de que se comportara como lo hace este personaje en la novela. Es todo ficción.


- El espionaje es un mundo muy oscuro, pero en El sexto hombre aparece por ejemplo el personaje de Tanya, una espía que intenta hacer las cosas correctamente y acorde a un código ético. ¿Puede existir algo así fuera de la novela?


- Por supuesto que sí. Hay un mito sobre los espías que los pinta como gente que tiende a la traición, a la ausencia de sentimientos, personas violentas e incluso despiadadas. Ese no es el caso del espionaje británico. Como en cualquier organización habrá gente corrupta y mala, pero mi experiencia me dice que son personas 'normales',tan cínicos, tan imperfectos y tan brutales si se da el caso como cualquier médico, abogado o periodista.


- En la Guerra Fría teníamos a Philby, un sociópata y un genio, y otros como él. Ahora, tenemos a Snowden. ¿No hemos perdido mucho?


- No creo que Snowden sea tan maligno y duro o inteligente como Philby, pero es una alguien fascinante y peligroso. Es una persona brillante, motivada por un sentido auténtico de injusticia y propósito moral, pero al mismo tiempo tremendamente hipócrita. Es un hombre que reclama libertad de expresión y derechos civiles y sin embargo permite que información muy sensible termine en manos del Gobierno chino y al final se refugia en Rusia. Es alucinante.


- ¿Cómo cree que terminará el caso? ¿No cree que hay material para una de sus novelas?


- El caso Snowden es muy buen material de trabajo para los novelistas. Me pregunto cómo se siente Snowden al haberse convertido en la marioneta del FSB (el espionaje ruso) una criatura de Putin. Ha perdido su libertad, no puede volver a EE UU y con cada día que pasa se hace más débil su reputación de cruzado de la justicia y la verdad. Y si en algún momento las relaciones entre Washington y Moscú mejoran se quedará sin visa, será expulsado de Rusia y entonces sí estará en verdaderos problemas.


- ¿Hay sitio todavía para el espía clásico, para el trabajo de campo, para el arte del espionaje o las tecnologías lo han borrado?


- Existe. Sigue siendo el trabajo de los agentes del MI6 y así lo ven ellos. La tecnología sirve para obtener información cuando se trata de pinchar un teléfono o leer un correo electrónico, pero el espionaje sigue siendo algo esencialmente humano.


Cumming asegura que esta es la primera novela que ha escrito con una estructura más bien completa desde el principio, aunque siempre hay personajes que "van para donde no esperabas". En Reino Unido ha publicado la segunda parte de la serie de novelas protagonizadas por Tom Kell, un espía del MI6, de la que ha adquirido los derechos Collin Firth para el cine. Hasta ahí, su trabajo como escritor. Del otro, si hay otro, no podemos saber más.


*Nota Juan Carlos Galindo para el diario El País de España.





A través de http://www.argnoticias.com/sociedad/item/10700-el-sexto-traidor-de-cambridge

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