jueves, 5 de junio de 2014

Raimundo Giménez, el hombre que se pregunta por la piedad

Raimundo Giménez, el hombre que se pregunta por la piedad


"¿Por qué nadie puede apiadarse de una persona dentro de un contenedor?", se preguntó el padre de Paula Giménez ayer por la tarde, cuando al dolor de la muerte le tenían que agregar el estupor que genera la indiferencia.


Raimundo Gutiérrez habla sano, más que claro o sencillo. Y no apela al lamento de los desahuciados, expone su inocencia. Habla sin la estridencia del llanto, apenas dice "quisiera justicia" con toda la carga de la ausencia, y hace una pausa como sacando cuentas de todo lo que ya le ha faltado su hija, de lo que le ha escapado a las noticias: "No quería ver ni escuchar nada. Me sentí tan herido. Me molesta mucho. Me duele mucho", dijo.


Podría haber respondido una y mil veces las mismas preguntas y su cara, sus gestos en cuentagotas habrían cambado sólo dos: la vista perdida al hablar de su hija muerta, la sonrisa al recordar a Paula viva. "Tenía sus crisis, pero era una persona sencilla", y aseguró que "estaba bien, feliz" cuando vinieron a Buenos Aires, como cuando desde el Impenetrable chaqueño llegaban a la ciudad y ella quería empalagarse de las luces, de las vidrieras. Igual que hace 17 días, cuando llegaron a Buenos Aires y Paula "estaba contentísima de estar en la ciudad. Quería pasear pero la mamá estaba cansada. No hizo caso, tenía que salir ella", dijo.


Y vuelve a pedir justicia. Justicia porque no entiende que se pueda dejar a alguien dentro de un contenedor, justicia porque nos hemos curtido en una formación siniestra, en la peor ignorancia, que no es la falta de conocimientos, sino la de olvidar al otro.


Nos conmueven los apaleados que piden clemencia, los quejumbrosos que nos plantean hasta dónde llega la bondad humana y que al igual que ver a alguien durmiendo en un contenedor nos deberían conducir al desconsuelo de corroborar que somos lobos para el hombre, aunque los lobos cuidan de sus crías, de sus enfermos y de sus viejos.


El sentido de la maldad horroriza porque plantea la crueldad, la depredación a la que somos capaces de acostumbrarnos.


Paula, había nacido en una naturaleza sin crueldad, tenía 31 años y sufría de esquizofrenia. Había viajado con su madre a Buenos Aires para recibir un tratamiento psiquiátrico. El 16 de mayo salió del hotel en donde se alojaba y no regresó.


Estuvo 17 días perdida. Durante dos días fue vista durmiendo en un contenedor en Retiro. Y sonreía cuando hablaba. Le sacaron una foto e informaron a la policía.


Raimundo habló de piedad. Acaso ésa sea la justicia que reclama.





A través de http://www.argnoticias.com/sociedad/item/11149-raimundo-giménez,-el-hombre-que-se-pregunta-por-la-piedad

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