Llegan los días más templados, con más horas de sol, y las ganas de hacer algún deporte que se lleve los guisos y kilos acumulados por arte de magia durante el invierno se convierte en una obsesión.
Entonces, aparece la idea del running, pero hay que tener ciertos recaudos:
Lo primero y más importante es tomárselo con calma. Hay que comenzar con series de diez minutos para no tener sobresaltos e ir aumentando de a poco.
El principiante puede alternar caminatas con trotes. Así se irá tomando resistencia y logrando el fondo necesario.
Antes de iniciar la sesión, conviene haber comido al menos 3 horas antes algún tipo de carbohidrato (arroz, pasta, pan...).
La hidratación siempre es importante, pero más aún con el calor.
El calzado importa, y mucho. Lo ideal es proveerse de zapatillas que amortigüen la pisada y hagan más liviano el choque del pie con el suelo.
Elongar al finalizar de correr es muy importante, pero también hacer algunos ejercicios de movimiento articular antes de salir. Esto es, mover en círculos las rodillas, tobillos y el resto de las articulaciones implicadas en el running.
Evitar las horas de mayor exposición al sol o al calor.
Una clave: complementar el running con la tonificación de piernas, glúteos, gemelos y abdomen, que está muy involucrado en este deporte ya que es el encargado de mantener la correcta postura del cuerpo.
Los dolores musculares son inevitables al principio, y no hay ningún remedio milagroso para aliviarlos. Lo mejor es ir de a poco y mantener el cuerpo en movimiento para limpiar el organismo de los pequeños cristales que se forman cuando tenemos estos dolores.
Y el descanso es fundamental. El cuerpo necesita reponer fuerzas para continuar el entrenamiento. Siempre está bien, sobre todo al principio, dejar un par de días entre las sesiones de carrera para sacar el mayor provecho al running.
A través de http://www.argnoticias.com/sociedad/item/14916-consejos-para-dejar-atrás-la-panza-del-invierno
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