Martín Piroyansky tiene una cara a la que ya nos acostumbramos. Lo vimos actuar en La Araña Vampiro y Vino para Robar, y de chiquito en Campeones. Pero también es la mirada detrás de la cámara. Con el corto No me Ama, en el 2010, encontró la pasión por la realización de cine, aunque fue en el 2012, con Abril en Nueva York, cuando se probaría por primera vez como director de largometrajes.
Su segunda película, Vóley, con Inés Efrón y Chino Darín, explora amistades y relaciones en un grupo de gente joven, y marca una segunda etapa en su trayectoria. Con el mockumentary Tiempo Libre, se ganó un grupo de fieles seguidores, y volvió a posicionar el género como uno de los preferidos de los argentinos.
Nos encontramos en un bar de Recoleta a las 11. Llega puntual y saluda con un abrazo al dueño del local, y se pide un café con leche y una medialuna. Cada tanto ojea la cámara que sigue cada uno de sus movimientos, y captura cómo se le dibuja un bigote de espuma cuando se acerca la taza a la boca. Pero no le importa. Está acostumbrado. Martín Piroyansky vive para la cámara, y se siente cómodo tanto delante como detrás.
Actuás de muy chico, ¿cómo empezó todo?
Se le ocurrió a mi mamá mandarme a estudiar teatro porque me veía en los actos del colegio que siempre hacía de protagonista y me gustaba. Mi papá estudiaba teatro de chico también como hobby, y se les ocurrió mandarme como a quien se le ocurre piano o natación. Y eso llevó a que yo trabajara sin buscarlo. Empecé a estudiar a los 7 años teatro y a los 11 empecé a trabajar en Magazine For Fai. Y bueno, un trabajo llevó al otro y desde ahí no paré de trabajar.
PH: Antonella Mustacato.
Y el detrás de cámara también te gusta obviamente. ¿Se fue dando solo o siempre quisiste trabajar en ese ámbito?
Yo siempre fui muy cinéfilo. Desde chico siempre fui mucho al cine y amo las películas. El acercamiento fue con la actuación, pero siempre me interesó todo el hecho cinematográfico, y cuando terminé el secundario estudié un poco de guion. Pero todavía no sabía que quería dirigir. No me imaginaba, pero trabajando me fui dando cuenta de cómo se trabajaba en cine y eventualmente quise yo probarme a mí mismo y realicé un corto llamado Semana Santa y me gustó y después hice No me Ama, y me di cuenta de que quería hacer eso.
"Abril en Nueva York", que fue tu primer largo, es una historia de amor y desamor, ¿crees que Nueva York es una ciudad que se presta naturalmente a este tipo de historias? ¿Es por eso que la elegiste para situar ahí a la película?
En realidad yo estaba en Nueva York trabajando en un documental que dirigía un amigo, y me compré una cámara y me encontré con Carla y con su novio que en ese momento era Abril Sosa y estaba en Nueva York y dije "bueno, vamos a hacer una película sobre ellos, sobre esta pareja". Pero lo hice como un ejercicio, y bueno, salió una película que nunca fue mi intención estrenarla pero de golpe aparecieron productores y se estrenó. Se hizo con dos mangos, eramos cuatro o cinco trabajando.
¿Cuál es la diferencia de trabajar en grandes producciones de TV como "Campeones" a realizaciones demás bajo presupuesto?
Tenés que resolver todo con menos recursos. El tiempo es diferente. Por ejemplo, Tiempo Libre yo lo escribí como lo quería hacer. Por eso el tema de la desprolijidad me jugó a mi favor. El despliegue es diferente, aunque en Tiempo Libre hay muchas locaciones considerando que es un proyecto tan barato.
Hablando de "Tiempo Libre", tuvo muy buena recepción entre la gente. ¿Qué se siente formar parte de algo que ahora es tan popular?
Y, está bueno. Fue muy arduo también. Fueron todos favores. Energéticamente te consume más porque todos los invitados están ahí de onda. El equipo cobraba, no mucho, pero cobraba. A los invitados también se les pagaba, pero era más de buena onda. A Lali Espósito no le pagué lo que le suelen pagar. Todos vinieron con mucha buena onda y me gusta mucho como están.
El humor es el corazón de este proyecto...
Yo creo que siento todo con humor. Creo que tengo mucha influencia del cine y las series yankees. Pienso mucho de esa manera.
Mucha gente dice que sos como "el Woody Allen argento".
Creo que sólo es por ser judío y gracioso (risas).
PH: Antonella Mustacato.
¿Estás con algún proyecto ahora?
Estoy terminando con la post-producción de Vóley, mi segundo largometraje, que se va a estrenar en marzo, probablemente.
¿Te interesaría que esté en festivales?
Y, en el BAFICI no me quieren, siempre me rechazaron todo. En el de Mar del Plata si me quieren y nos contactamos. Ya me escribió el programador que quiere tener Vóley en esta edición. Me encanta Mar del Plata, me encanta el festival, todo. Es lo más de lo más. Pero todo depende de la productora.
En cuanto a los personajes a los que interpretás, ¿cómo es tu proceso?
Trato de verlos como seres que no tienen nada que ver conmigo. Me sirve armar y entender el personaje, no compararlo conmigo. Entender cómo es y verlo como una persona autónoma. Y lo pongo en cualquier tipo de situación y trato de entender cómo reaccionaría y qué haría. Siento que ahí recién "encontré" al personaje. Puedo ver cómo camina, cómo se mueve.
¿Pasa lo mismo cuando tenés que dirigir actores?
En realidad, cada uno tiene su método que quizás es completamente distinto al propio. Cuando dirijo actores me dedico a descubrir qué necesita cada actor. Cada actor es distinto y necesita algo diferente. Algunos necesitan que no les des pelota, otros que les estés encima, otros que te enojes, otros necesitan que los cuides demasiado... cada actor ante diversos estímulos reacciona distinto como cualquier humano. Uno no trata igual a todo el mundo. De hecho, cuando dirijo, a lo que menos me dedico es a dirigir a los actores. Confío mucho en general y en todo caso, si veo que no está funcionando algo, ahí sí veo de hablar. Pero siempre me gusta mucho que los actores sean libres y escucho mucho las propuestas. Hay una mirada del actor sobre el personaje que no la puede tener nadie más que él. Cuando escribís algo se te escapan cosas, pero el actor quizás está más atento, o tiene ideas y propuestas. Todo se charla.
¿Entonces a vos te sirve mucho la mirada de los otros?
Mucho. De hecho si estoy escribiendo algo me la paso contándolo en voz alta, para ver cómo reacciona la gente. Hay un par de personas cuya opinión me influye mucho, más que nada en lo técnico. Pero también me importa mucho distinta gente dependiendo de hacia quién va dirigido. En algunos casos yo quiero que lo vea la mayor cantidad posible de gente, entonces no me interesa que le guste sólo a tres intelectuales... Me interesa que le guste a todo el mundo y por eso escucho por igual al taxista como a un amigo que escribe guiones.
¿Siempre pensaste así? Me refiero al hecho de pensar "bueno, esto no me tiene que gustar sólo a mí, porque estoy haciendo algo que quiero que alcance a otras personas".
Creo que sí, siempre pensé así. O sea, yo soy el primer espectador, así que todo lo pienso primero para que me guste a mí. Pero igual yo considero que me gustan las mismas cosas que le gustan a mucha gente. O sea, hay cosas que me gustan que no consume todo el mundo, como cine más raro, pero mis gustos principales van por lo mainstream, por lo más popular. Aunque uno cree que vive conectado pero en realidad vive en un tupper, con tus amigos y tu gente y crees que eso es el mundo pero algo más parecido al mundo quizás sea Showmatch. Varios me dicen "che, está viendo todo el mundo Tiempo Libre", pero lo ve nuestro mundo. Son muy pocos.
PH: Antonella Mustacato.
Creo que se está haciendo cada vez más conocido, principalmente por el poder de las redes. Vos, por ejemplo, tenés un montón de seguidores en Twitter.
Mirá, tengo un montón de seguidores para lo normal. Tengo 38 mil. Es un montón si lo comparás con la media, pero la gente que de verdad tiene seguidores tiene muchísimos más. Para mí la cantidad de seguidores define mucho mi nivel de popularidad, porque soy medio conocido para determinadas personas, pero no soy un famoso popular de la tele.
¿Cómo es tu relación con tus seguidores?
Tengo bastante interacción. No como Lali Espósito que me retwittea algo y tengo 50 pendejitas que ponen "Lali, te amo" y cosas así. Pero sí, tengo bastante interacción y me divierte. Y me tiran buena onda. Cada tanto hay alguno que me tira algo de mala y le respondo y por ahí se copa y me pone "¡Qué genio!". Me pasa muy cada tanto por suerte, porque me re afecta. Es algo que me angustia. Aunque mis seguidores son bastante pasivos también. Son de esos que leen más que nada. Hay muchos chistes que yo tiro en Twitter y la gente no los agarra. Yo igual quisiera ser más universal, pero me sale eso.
¿Apuntás a ser más masivo?
Sí, me gustaría ser más universal. Quiero hacer lo que yo quiero hacer pero alcanzando a muchos y siguiendo mis intereses. Yo igual pongo lo que a mí me gusta primero. Nunca voy a hacer algo que a mí no me guste sólo para complacer. Me deprimo, la verdad, no podría. Quizás estaría bueno hacerlo, pero no me sale. Nunca me voy a traicionar a mí mismo.
¿Tenés algún consejo para alguien joven que quiere dedicarse al arte como vos?
Para mí esta bueno hacer. En el hacer te das cuenta de si realmente querés hacer lo que vos pensás. Y además te vas encontrando a vos mismo. Mi camino fue raro. Yo no sabía que quería dirigir, sino que fui llegando a eso. Actuando fui interesándome por lo que es el cine y su técnica, la fotografía, cómo iluminar, y fui probándome. Po eso está bueno hacer. No sólo en el cine, sino en el arte en general.
Entrevista: Martina Putruele
Producción: Lucas Lértora
Fotografía: Antonella Mustacato
A través de http://www.argnoticias.com/espectaculos/item/16690-martín-piroyansky-“nunca-me-voy-a-traicionar-a-mí-mismo”
No hay comentarios:
Publicar un comentario